Arreglo. Todos los arreglos de este disco están realizados para el cuarteto (armónico, guitarra, bajo y maracas) y dos voces principales, siendo el equilibrio tímbrico la característica más destacable en su música, dentro de una eficaz economía de medios. La guitarra realiza los acordes apoyada por el tumbao del bajo, mientras el armónico añade todo el colorido propio del son cubano.
La percusión corre a cargo de las maracas (excepcionalmente, el güiro), el cordal (en el montuno) y las esporádicas improvisaciones que realiza el Compay sobre la tapa del instrumento. Los medios de los que dispone, aún pareciendo escasos si los comparamos con el despliegue que realizan algunas orquestas de salsa, muestran una eficacia sorprendente, llenando en todo momento el ambiente de auténtico sabor cubano. La inteligente disposición de las voces (vocales o instrumentales), el genial segundo (ver) que canta el Compay a la melodía principal, el sencillo equilibrio formal (intro-son-montuno), el protagonismo comedido del bajo, el sostén armónico de la guitarra, la puntualización métrica de las maracas y el rabioso tumbao del armónico, sostienen la sólida apuesta soñera del Compay Segundo en todos sus arreglos.
Cordal. Pieza que sujeta las cuerdas desde el puente a la parte posterior del cuerpo en laúdes, bandurrias, etc. El armónico o trilina (ver) tiene también un cordal y el Compay lo utiliza como sustituto de la campana para los montunos. Siendo las maracas la única percusión habitual utilizada por el cuarteto, el Compay suele tocar el corto tramo de cuerdas que va del puente al cordal de su instrumento y, con su sonido agudo y su indefinición tonal, suple a la campana (cencerro) obligada en la estética acústica del son cuando entra el montuno (coro).
Forma musical. Bajo el siguiente esquema formal se configuran la mayor parte de las piezas del repertorio del Compay:
introducción-son-interludio instrumental-montuno-coda o cadencia (a tiempo o ralentando).
Influencia. Corriente estilística muy extendida entre los soneros de los años treinta y cuarenta, en la que predominan armonías y melodías "influenciadas" por el ragtime y el blues. Este movimiento conocerá una nueva generación en el "feeling", dentro de la Trova, y después en la Nueva Trova. El Compay ha creado numerosas canciones dentro del aroma armónico-melódico de la "influencia".
Introducción. La introducción es un elemento formal que juega un papel importan¬te en la música del Compay Segundo. En ella expone el tema principal de la canción, o compone una melodía distinta para introducir la primera letra, utilizando incluso a veces esta melodía como interludio instrumental o material temático matriz para ias improvisaciones a lo largo de la pieza.
Montuno. Del monte. Se llama así en el Caribe hispano a lo rústico.
En Cuba se llama montuno al son, o a la sección de un son, que da entrada al coro y, con él, a las improvisaciones, tanto vocales como instrumentales. "Son de la loma y cantan en llano", reza el popular verso de Matamoros, refiriéndose a los que viven en el monte y bajan al camino real (siguiendo, por qué no, la tradición histórica de las "serranas" extendidas por el folclore español). Los cantos responsoriales, propios de la música africana, una vez transculturados a Cuba, y mezclados con las tradiciones hispanas, cobran nuevo sentido en el son montuno, formando parte visceral del lenguaje musical cubano, tanto en los cantos rituales o religiosos, como profanos.
Segundo. El singular contrapunto que realiza la voz del Compay a la melodía prin¬cipal, en sus canciones, es sin duda alguna uno de los elementos fundamentales de su música, cubriendo de un color particular todas sus interpretaciones, ya sean éstas originales o de otros autores. Repilado encuentra una segunda voz a la melodía, siempre en su registro grave característico, logrando resultados armónicos sorprendentes y rebosantes de cubanía. El mismo Pablo Milanés, reconocido autor de inspirados contrapuntos vocales, reconoce haber bebido de esa fuente. Forma parte de la tradición cancionística, boíe-rística y soñera de Santiago de Cuba, que cristaliza así en Compay Segundo, apiñando en él sus elementos rectores, como ejemplo vivo de una preciosa riqueza musical, Sigue el paso. Tipo de tumbao (ver) original de Compay Segundo. Se estructura a partir de una nota larga acentuada y dos golpes cortos que permanecen en suspenso hasta la siguiente nota larga. Otorga este tumbao una inusitada personalidad a las piezas que lo utilizan, haciéndose inconfundibles a oídos de quien las escucha. El tumbao "sigue el paso" funciona como sello de la casa en la producción musical del Compay Segundo.
Solo. En el son, aquella sección del montuno dedicada a la improvisación tanto vocal como instrumental. Los solos vocales en la música del Compay se circunscriben al estilo tradicional de variación melódica y del texto que integra el coro del montuno. En los solos instrumentales apreciamos una concepción actualísima del improvisar. El Compay, a partir de una técnica elaborada por él mismo a su medida (ver trilina), nos sorprende continuamente con realizaciones melódicas, rítmicas y armónicas de sincero trazo, a base de frases de notable coherencia temática, arpegios llenos de esencias soñe¬ras y resultados rítmicos que muestran el eficiente virtuosismo con el que acomete las improvisaciones.
Son. Género que funciona como integrador principal de la tradición musical cubana. El son del Compay, de cierto aroma arcaico, rezuma sin embargo una clara actualidad. Su estilo personalísimo posee validez general, su repertorio se nos muestra universal y, aunque
apreciamos una clara evolución en su música, podemos afirmar que se mantiene en un estilo propio e inconfundible, entrando a formar parte del variado panteón sonero, reservado para los más grandes músicos cubanos.
Trilina. La guitarra del Compay, bautizada como trilina por Miguel Matamoros. El Compay lo suele llamar "armónico": "... el tres sonaba muy seco, no era armonioso como la guitarra. Tengo que inventar un instrumento que se parezca a la guitarra. ¿Cómo va a ser esto? Octavando las cuerdas. 1o y 2o natural, resto a la octava y la tercera doble, como en el tres". La trilina tiene cuerpo, mástil y clavijero de guitarra requinto. El cordal es de metal, como en el laúd, instrumento muy extendido entre los guajiros de Cuba. Lleva siete cuerdas de metal de guitarra acústica (tercera doble). La afinación corresponde a la de la guitarra con diferente octavación:
Io- Mi 2 (segunda)
2o- Si 1 (tercera entorchada)
3o- Sol 2 (dos segundas)
4o- Re 2 (tercera sin entorchar)
5o- La 1 (tercera entorchada)
6o- Mi 1 (cuarta entorchada)
El armónico tiene diferentes funciones en el discurso sonoro de Compay: en primer lugar juega el papel del tres en el son cubano, con sus cuerdas de metal y la técnica instrumental, más propia del tres que de la guitarra; en segundo lugar la afinación obliga a la mano izquierda y derecha a adoptar una técnica inventada por el propio Compay. El hecho de que la cuerda más aguda sea la tercera (sol 2) implica que la melodía comenzada en la segunda cuerda, en ocasiones vaya hacia los agudos no sobre la primera, como en la guitarra y el tres, sino hacia la tercera. Todo esto obliga a desarrollar una singular técnica de punteado y alzapúa con un ataque preciso y ágil. Técnica que podemos encon¬trar en otros instrumentos caribeños como el cuatro venezolano (aunque de forma inver¬tida, ya que su primera cuerda es la más grave).
Tumbao. Denominación que reciben las síncopas (y todas sus transformaciones) que realizan el bajo, la "tumbadora" o el tres en el son cubano, comenzando el sonido siempre en las partes débiles del compás, y resolviendo en parte fuerte. El Compay tiene tumbao característico nombrado por él: sigue el paso (ver). Sin embargo son muy varia¬dos los diferentes tipos de tumbao que realizan el cuarteto del Compay y el mismo Compay con la trilina y la voz.
Repilado construye casi siempre la melodía principal de una canción con una sólida y sugerente rítmica sincopada. El tumbao de la melodía en Chan Chan nos podría servir de ejemplo. Tumbar, es decir sin copar el ritmo, es inherente a la estética rítmica cubana y, aunque es propio del bajo, la tumbadora, el tres o la voz, podemos aplicarlo, de forma metafórica, a un estilo de vida, como código de convivencia. Se suele decir que un bajo está "bien tumbao" o está "gallego", esto es, con o sin sabor.